El punto de partida fue un billete de lotería y la promesa de Ramón Acín, líder anarquista, profesor y amigo de Buñuel: ‘si me toca, rodamos el documental´. Y así fue. Buñuel y Acín, junto a Rafael Sánchez Ventura, Pierre Unik y el cámara francés Éli Lotar, se trasladaron a las Hurdes, un fin del mundo remoto y desamparado; una tierra sin pan olvidada y miserable, profecía de la guerra civil que se avecinaba.



